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Ruta por los 10 pueblos de herencia musulmana de La Alpujarra Almeriense

¡Ay qué bonita y especial es La Alpujarra! Llena de rincones con historia y leyendas de todos los tiempos, de calles estrechas y de casas encaladas de herencia morisca.

Pero, ¿de donde viene todo este legado? Varios historiadores e investigadores no se ponen de acuerdo con el origen del término Alpujarras, pero nosotros nos vamos a quedar con la versión que proviene del árabe al Busherat (al-bugscharra) que es la que más nos gusta y la que más arraigo tiene y cuya traducción podría definirse algo así como “Tierra de hierbas” o “Tierra de pastos”. Y es que esta región, en la actualidad un poco más seca, siempre ha sido una tierra muy rica en agua, en vegetación e ideal para el cultivo de frutas y hortalizas, así como para el pastoreo, de aquí las grandes batallas que se han librado en otros tiempos y en otros siglos en este territorio por conquistar su dominio.

Si eres de los que te gusta la montaña, el frío, el calor de la chimenea, la comida casera, la cultura popular, el patrimonio histórico y la esencia de lo rural, este invierno, no debes de perderte esta ruta con estos 10 pueblos de herencia musulmana de los más bonitos e interesantes de La Alpujarra Almeriense.

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Nuestro recorrido comienza por la parte más oriental, en el pueblo de Alhabia conocido como tal a partir de 1587 y anteriormente denominado Hayva, Aljaiba, Aljabia, y Aljabiati, que se traduce como tienda de campaña o estanque de agua ya que esta alquería, en sus orígenes musulmanes, fue lugar de campamento ferial para el comercio de animales y alfarería, así como también, por aquella época, la confluencia de los ríos Andarax y Nacimiento que lindan con el entorno, formaban un pequeño lago natural. La producción de alfarería predomina en toda La Alpujarra desde hace siglos, pero aquí destacamos la de Alhabia particularmente, muy famosa por sus dibujos y por el variado colorido en todas sus piezas con un aire muy contemporáneo en la actualidad. Si te gusta la cerámica, Alhabia te brinda la oportunidad de conocer varios talleres y fábricas en el mismo pueblo. Además, aparte de la cerámica, debes de darte una vuelta por todas sus calles para poder distinguir la arquitectura tradicional y moderna de cada casa en donde resaltan diferentes estilos de herencia árabe así como neoclásicos y eclécticos surgidos entre los siglos XVIII y XIX.

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Muy cerca de Alhabia se encuentra Instinción, cuyo origen del nombre tiene dos teorías: la primera es que podría ser de origen latino del periodo de la Hispana romana, y la segunda es que podría ser de ascendencia musulmana proviniendo del nombre de una princesa de la dinastía Nazarí. En cualquier caso, al igual que en el pueblo anterior, en Instinción destacamos los distintos estilos arquitectónicos heredados de diferentes épocas como por ejemplo: la iglesia de San Juan Bautista, una de las más interesantes por su torre de estilo mudéjar, o ya de época más moderna, en la calle principal del pueblo se pueden contemplar casas del siglo XIX de estilo burgués. ¡Ahh, y no te olvides de probar las famosas y ricas naranjas y mandarinas de Instinción!

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Yendo hacia occidente nos encontramos con uno de los pueblos más conocidos por su aceite y por su uva, es el denominado pueblo de Canjáyar, otra alquería del periodo musulmán del distrito de Yuz y que en su origen se llamaba Qansayar. Entre los monumentos adoptados del pasado destacamos la Iglesia Parroquial de la Santa Cruz del Voto de estilo románico, la Ermita de San Blas, cuya construcción destruyó los restos de un antiguo castillo, y el lavadero municipal, uno de nuestros rincones favoritos dentro de los pueblos ya que este lugar no sólo servía para lavar, como su nombre indica, sino que también, estos espacios suponían un lugar de encuentro para las mujeres del entorno en donde el ir y venir de las historias, cuchicheos y noticias de las más variadas, crecían por doquier. Podríamos decir que en los lavaderos no sólo se lavaban los trapos sucios 😉

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Un poco más al norte, desviándonos un poco de nuestra ruta, por encima de Canjáyar, se encuentra Ohanes. Al igual que los pueblos anteriores, aunque a lo largo de su historia las civilizaciones del paleolítico, del neolítico así como del periodo romano pasaron por estas tierras, no es hasta la época musulmana cuando se asienta y se registra como tal. De relieve muy abrupto, la extensión del término municipal nace en los 760 metros sobre el nivel del mar hasta alcanzar los 2201 metros en donde se eleva el Peñon de la Polarda, denominado como el “Techo de Ohanes”, entorno ideal para los amantes de la montaña y el senderismo. Entre los rincones a destacar debes de conocer el Santuario de Tices a 5km del pueblo, la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción de estilo mudéjar o la Casa de la Torre (casa señorial del siglo XVIII). Además, te gustará conocer sus fiestas más populares, las de San Marcos, que se celebran en abril (esta visita te la puedes guardar para primavera), y su exquisita gastronomía con tradicionales platos de pimentón, patatas fritas en escabeche, gazpacho alpujarreño, o las reputadas tortas de alfajor.

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Continuamos por nuestro camino adentrándonos poco a poco hacia el corazón de La Alpujarra, esta vez hacemos un alto en Padules. Como ya sabemos, otra vez, tierra de herencia morisca. Si te decantas por Padules no puedes irte sin probar sus vinos en auge en las últimas décadas, y también su aceite no tan conocido como el de Canjáyar, pero igual de delicioso para el paladar. Como decíamos, para el invierno te recomendamos las Fiestas de San Antón que se celebran el 17 de enero y cuya celebración consiste en prender una hoguera por la noche en donde vecinos y allegados conmemoran la historia del santo caracterizada por la persistente entrega a Dios. Por otro lado, si lo que te va es la naturaleza, debes de conocer Las Canales de Paules muy de moda en los últimos años, un rinconcito donde el agua es la protagonista.

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Llegamos ahora hasta uno de nuestros pueblos favoritos, Almócita, nombre por el cual deducirás también que es de origen musulmán, Al-moaycata o Almavata, que significa lugar de en medio, lógico, pues se encuentra entre Beires (del que hablaremos a continuación) y Padules. Almócita además de sus casas encaladas, tiene un encanto muy particular, y es que entre los muros de algunas de sus calles se encuentran plasmados numerosos poemas y pinturas, haciendo de este pueblo un lugar muy especial para los amantes de las letras y el arte. Otros lugares para conocer en las estribaciones del entorno son: la antigua Fábrica Hidroeléctrica Almocitense, los restos de la Fundición en “parrilla” de Fuente Godoy, o las Minas de la Solana. Para primavera apúntate también, la Noche de los Candiles, una noche mágica en donde las calles de Almócita son iluminadas por candiles ofreciendo un espectáculo de luz muy especial además de las diferentes actuaciones que se preparan para esa noche como pasacalles y conciertos de música medieval.

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Nos desviamos de nuevo para acercarnos hasta Beires situado a más de 900 metros de altitud y con menos de 200 habitantes, siendo uno de los pueblos menos poblados de la provincia. Aquí la tranquilidad la tienes asegurada. Predomina el olivo, el almendro y la uva de mesa y como lugares de interés te recomendamos que conozcas la Iglesia de San Roque, la Ermita de los Desamparados en un promontorio que comparte con Almócita y Paules, y la “Pileta”, una balsa cuya agua nace en una pequeña mina de los alrededores, ya que en estas tierras la minería siempre ha estado muy presente.

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Continuamos nuestro paseo hasta alcanzar Fondón. La Navidad acaba de terminar pero que sepas que en Fondón se producen unos de los mejores mantecados de toda la provincia. Fondón de origen morisco como los anteriores, es un lugar ideal para visitar, conocer su patrimonio, hacer senderismo, probar sus vinos y por su puesto, su gastronomía. Empezando por el patrimonio, Fondón cuenta con varias viviendas a conocer, de entre las que destacamos la Casa-Palacio de los Godoyas del siglo XVII – XVIII, legado de importantes familias hidalgas que llegaron a la población tras la expulsión de los moriscos. Desde 2011 se ha convertido en centro cultural y de exposiciones muy interesante para conocer la historia y vida de las gentes del pueblo. Seguimos con la gastronomía, abierta a todos los gustos y paladares, desde gazpachos, sopas, ensaladas, arroces hasta pastas y estofados, todos de origen, cómo no, morisco. Y para concluir, te aconsejamos que conozcas el legado minero de plomo y hierro del paraje desde finales del siglo XVIII hasta la década de los ochenta del siglo XX.

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Nuestro recorrido va tocando a su fin, pero aún nos quedan un par de paradas por delante. El penúltimo pueblo que te proponemos es Laujar de Andarax, como el pueblo anterior, tierra de vinos, pero en este caso unos de los más distinguidos de toda La Alpujarra. Laujar de Andarax conocido en el periodo musulmán por El Auxor (caverna en la montaña) y Andaraj (era de la vida), cuenta con vestigios arqueológicos ya de la Edad del Cobre y del Bronce. La Villa de Laujar como Fondón y algunas otras poblaciones, ha sufrido la despoblación y el esplendor en numerosas ocasiones, prueba de ello son los nutridos lugares y rincones que nos muestran hoy día su rico patrimonio artístico y monumental. Algunos de los ejemplos que te proponemos son: la Iglesia de la Encarnación conocida como “la Catedral de La Alpujarra” de estilo mudéjar y barroco, la Ermita de la Virgen de la Salud, el Convento de San Pascual Bailón, restos de una alcazaba árabe de los siglos XIII – XV, la Casa Señorial de la familia Moya (s. XVIII), la Casa del Vicario del mismo siglo que la anterior, abundantes fuentes de distintas épocas conocidas como Pilares, varios escudos nobiliarios prueba de la riqueza de la Villa, incluso un gran patrimonio industrial con restos de minas, acueductos y molinos. Además, la rica gastronomía del lugar con su popular Plato Alpujarreño, entre otros, no tiene desperdicio.

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Y ya sí que sí, acabamos nuestro recorrido haciendo un punto y final en el pueblo de Paterna del Río, otro de nuestros favoritos (aunque en realidad no sabríamos escoger cual es nuestro preferido pues todos tienen su propio encanto). Tierra de castañas, uvas y minas, a 1.193 metros sobre el nivel del mar, con escasos 400 habitantes y con gran legado morisco reflejado en sus calles estrechas y recónditas, y en sus casas encaladas cargadas de flores en sus balcones y ventanas, igual que sus tierras vecinas. Durante el periodo musulmán la población se organizó en cuatro barrios: Alcudia, Haratalguazil, Haratabenmuza y Haratalbolot (en la actualidad: La Placeta, Barrio Alto, Fuente del Castaño y Barrio de los Castillos), y aunque eran independientes los unos de los otros, se encontraban organizados y gestionados de forma común dando lugar finalmente a la denominadas “Las Paternas”. Al igual que los anteriores, este territorio ha sufrido innumerables cambios y de ello nos quedan algunas huellas como la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de estilo mudéjar, la Iglesia de San Juan Evangelista, los restos de “El Castillico” y los del Castillo de Inizar.

Como ya habrás podido comprobar nuestra herencia musulmana del pasado ha marcado mucho nuestro presente no sólo en la arquitectura tradicional y en los monumentos que hoy día perduran en pie, sino que además, nuestra gastronomía actual y nuestro estilo de vida en estos pueblos son el vivo reflejo de lo que otros iniciaron y que nosotros hemos continuado, independientemente de la cultura a la que pertenecieran, pues la riqueza de los pueblos no se mide por lo que tienen sino por lo que son, mezcla de generaciones, sabores y aromas de todos los tiempos.

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