Interstellar, una explicación

Ene 06 2015

Interstellar, una explicación

Aviso. Lo que está escrito a continuación revela detalles del desenlace de INTERSTELLAR, por lo que esta entrada va más dirigida a quien haya visto la película y se haya quedado con dudas respecto a su argumento que a quien no la haya viso aún.

Puede incomodar su excesivo metraje, puede resultar incongruente la manera tan limitada en la que expone una situación de crisis alimenticia mundial (centrándose exclusivamente en una granja polvorienta), pueden estar salpicada de  imprecisiones físicas y astrológicas, pueden resultar risibles sus cuadriculados robots, puede haberse quedado seca de premios Oscar; a pesar de todo, INTERSTELLAR es una de las películas del año.

Lo es porque cuenta en su reparto con un Mathew McConaughey a la altura de cualquier estrella de cine consagrada, que interpreta a un astronauta con un fino sentido del humor. Y lo es porque, pese a la inconsistencia de su argumento, subyacen en INTERSTELLAR hipótesis muy interesantes.

El principal mérito de esta película es el de lanzar a su protagonista al interior de un agujero negro representado como un espacio donde el tiempo (pasado, presente y futuro) es una dimensión física, por la que puede moverse como si estuviera dentro de una gran habitación. El astronauta, desde el corazón del agujero negro, lanza un mensaje a su propia hija del pasado. Ella lo descifra y da los pasos necesarios para que su padre del presente entre a formar parte de la misión interestelar destinada a buscar un nuevo mundo, ya que la Tierra está extinguiéndose. A su vez, alguien desde más lejos, ha facilitado que ese astronauta llegue hasta el centro del agujero negro y se ponga en contacto con su hija.

Por tanto, lo que plantea INTERSTELLAR es que una inteligencia que ha llegado a un futuro muy remoto y ha conquistado nuevas dimensiones espacio-temporales, envía mensajes a antecesores del pasado para facilitar precisamente que se den los pasos que permitan a esa inteligencia llegar a ese fututo. En definitiva, nos habla de la circularidad y conquista del tiempo.

Tratándose de una película de Cristopher Nolan, autor de ORIGEN y de MEMENTO, no es de extrañar que desatienda otras facetas del argumento para centrarse en su análisis de las complejidades y misterios del tiempo, uno de los sellos distintivos de este director desde los comienzos de su filmografía.

Como siempre que surge una película de Ciencia Ficción de este estilo, es inevitable compararla con la ODISEA ESPACIAL de Stanley Kubrick. Todavía nadie ha dado una visión más coherente, bella y elegante del origen del Universo y su posible evolución que esa joya que cumple 47 años desde su estreno. Y eso a pesar de que el gran director británico se quedó corto en cuanto a la fecha del futuro definitivo que planteó: hace muchos años el año 2001 quedó atrás y en la Tierra las cosas siguen más o menos igual.

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