EL FRANCOTIRADOR

Mar 04 2015

EL FRANCOTIRADOR

Aún puede verse en las salas de cine de Almería la adaptación cinematográfica de la autobiografía de Chris Kyle, apodado La Leyenda, el SEAL que batió el record de muertes como francotirador del ejército norteamericano.

A lo largo de cuatro misiones en el Irak post 11/S La Leyenda abate a 160 enemigos con su arma de mira telescópica. Oficialmente, como él mismo señala. Debió de ser alguno más. El cuerpo de algún salvaje –como se nombran a los iraquíes en esta película- debió escapar al recuento.

Dios, la familia y la patria -aunque probablemente en orden de prioridad inverso al aquí redactado- son las motivaciones de Chris Kyle y los tópicos que articulan esta película. El SEAL siempre lleva consigo una biblia que robó de la iglesia cuando era niño y que en el film tiene un protagonismo minúsculo. Cuando está en casa el SEAL tiene taquicardia. Sólo en el frente, salvando con sus disparos a hermanos del ejército estadounidense, se le bajan las pulsaciones. Su mujer le necesita y sus hijos le echan de menos. Pero la guerra también le necesita. Hay un francotirador estilo parkour en el bando enemigo que está haciendo estragos. El estadounidense y el salvaje jugarán algo así como un partido de tenis letal, con balas, en las azoteas de la devastada Ramadi.

Se atisba en El Francotirador el sello del mejor Clint Eastwood, la revisión de la épica norteamericana matizada de oscuras reflexiones. Pero muy de lejos. El director se ausenta de una película que se echa sobre su espalda el actor principal, un contenido Bradley Cooper en una actuación que le ha valido su tercera y merecida nominación consecutiva a un Oscar.

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